Fenómenos

¡Hola a todos fenómenos!

Ya he recibido mensajes adhiriéndose al experimento de “un tiempo sin matemáticas“; pero no todos los de clase lo han leído. Los que sí lo habéis hecho, corred la voz, por favor, para que contesten los demás a ver si se apuntan. Mañana os doy la contestación de Luis, a la pregunta de si nos da permiso o no para estar un tiempo sin matemáticas. Pero sólo será válido el permiso para los que figuren en mi lista. Gracias.

HISTORIA (y II)

Nos quedamos ayer en que Miguel, el coprotagonista de nuestra historia, había obtenido el dinero necesario para salvar su casa, del otro protagonista, el avaro Levy, quien había hecho firmar un documento por el que Miguel se comprometía a dejarse arrancar el corazón, si al cabo de un año exacto, no era capaz de devolver la suma con sus intereses, al prestamista.

Pues bien: he aquí cómo acabó la historia.

Transcurrido el año, llegada la fecha señalada para la devolución de la suma a Levy, Miguel no tenía el dinero: sus esfuerzos, su trabajo y sus desvelos, fueron suficientes en número para hacerle perder la salud, pero no para reunir la suma adeudada. Y con implacable puntualidad, fué llevado ante el juez, un juez toledano con fama de extremadamente imparcial, duro, pero muy justo. Y en esta fama de justo estribaba la última esperanza de Miguel para seguir vivo, porque la actitud del prestamista no dejaba lugar a dudas: quería que se cumpliese exactamente su contrato: quería el corazón de Miguel. Miguel gozaba de grandes simpatías entre la gente de la ciudad y el avaro de total antipatía. No había persona en todo Toledo que dijera una sola palabra amable del prestamista. Pero … entre ambas, mediaba el altísimo sentido de la justicia y de defensa de lo legal del juez, en cuyas manos, tremulaba ya la vida de Miguel.

Y llegó el momento de escuchar la sentencia del mismo. El ambiente era imponente: imaginaros cientos de personas apretujadas en un lugar en el que apenas cabían unas docenas. El tribunal, los abogados y el reo, eran protegidos de la multitud, por alguaciles armados. La muchedumbre se extendía escaleras abajo  hasta la calle de donde procedían gritos que suplicaban el perdón de la vida de Miguel.

Las amenazas del juez de desalojar la sala, y su fama de hombre que no repetía dos veces sus advertencias, hicieron que el silencio fuese al momento, total.

Y el juez, por fin, habló; y dijo: “El contrato firmado entre denunciante y denunciado, es perfectamente legal. Las condiciones en que fué firmado ante testigos, son de todo derecho, correctas. Así pues, ejecútese el contrato. Oficial alguacil, entregue su bayoneta al demandante, y que éste extraiga el corazón del demandado, ante esta Sala. Esta es mi sentencia. Cúmplase“.

Un “¡Ah!” de horror y de dolor se escapó de las gargantas de los presentes. La sorpresa de la dureza de la sentencia, ante un caso es que se pedía la vida de una persona a cambio de un capital no devuelto envolvió el ambiente, que se tensó con muy duras miradas hacia el juez, que impertérrito, dirigía su mirada, hacia el oficial. Y es que éste dudaba de haber entendido bien la orden. Pero la mirada del juez y un leve ademán con la cabeza, no dejó lugar a dudas. Levy debía arrancar el corazón de Miguel.

El oficial desenvainó su puñal, se lo tendió a Levy y éste, con una sonrisa que no sabía disimular, lo levantó sobre el pecho de Miguel que los alguaciles habían desnudado ya, dispuesto a hundirlo en él con toda su fuerza. Los alguaciles tuvieron que emplearse a fondo para mantener a la muchedumbre que se removía y pretendía salvar al reo.

Y entonces, sólo entonces, en el último momento, se oyó de nuevo la voz del juez:

Levy; es sentencia de este tribunal, aún con harto dolor y luchando con los deseos de este juez de encarcelarle a usted por su inhumanidad y por la atroz compensación elegida para satisfacer su deuda, que se cumpla el contrato y en los términos establecidos en el mismo. La ley debe cumplirse y el contrato está claro. Muy claro. Así pues, puede extraer el corazón del reo. Pero el documento le hace acreedor sólo del corazón de su víctima, pero ni una sóla gota de sangre de su cuerpo puede derramarse. En ese caso, mandaría prenderle a usted de inmediato y sería ajusticiado en la horca en la Plaza Mayor.”

A estas palabras, sucedieron los gritos de júbilo de todos, el vuelo de sombreros, las lágrimas desconsoladas de nuestro buen Miguel, las miradas de respeto y simpatía hacia el juez tras comprender la intención superior que éste ocultaba tras su primera lectura. El oficial arrebató el puñal de las manos del prestamista, que miraba al suelo corroído por la rabia. Y todos, menos uno, fueron a comerse unos pinchos por Toledo, con unos vasitos de vino, para celebrar tan estudiada, justa e inteligente decisión.

(¡Cómo! ¿Que no creeis que hubiese pinchos y vino y costumbre de tomarlos como ahora, por las calles de Toledo de hace 1000 años? Pues ya os contaré lo que hacían los romanos hace 2000. Un beso.)

¿Os ha gustado?

2 pensamientos en “Fenómenos

  1. angela

    holaa fedee que tal?oye lo de un timepo sin matematicass yo contal de star un tiempo sin fracciones y potencias lo que sea!;)pero tiene truco?lo digo porqe tu digiste k sin matematicas no podiamos ni beber agua,ni hacer la comida,ni nada no?vueno un besoo

  2. Maria Pascual

    Hola Fede!!!
    Me alegro de que estes mejor. respecto a lo de un dia sin mates me parece genial hacerlo.
    esperemos verte pronto. Un saludo

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